Hablar Inglés, tarea pendiente.

En un mundo cada vez más globalizado donde la movilidad es una realidad y la situación laboral actual pone de relieve la importancia del aprendizaje de idiomas, me gustaría hablar sobre el un tema que se ha convertido en un triste tópico. ¿Por qué a los españoles nos cuesta tanto hablar la lengua de Shakespeare?

En el diccionario de la  Real Academia Española encontramos las siguientes acepciones para definir la palabra lengua:

  • Sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana.
  • Facultad de hablar. 

De estas definiciones deducimos que de poco sirve conocer la gramática y el vocabulario de un idioma si no desarrollamos las competencias necesarias para poder hablarlo.

A los niños españoles se les empieza a enseñar inglés desde muy pequeños; cada vez son más los padres que en aras de dar la mejor educación posible a sus hijos, elijen guarderías o escuelas infantiles donde los pedagogos hablan a los niños en inglés para que estos vayan familiarizándose con el idioma desde la más tierna infancia.

En Educación infantil, dependiendo de Comunidades Autónomas, los escolares tienen entre una hora y media y 4 horas de inglés a la semana. Durante los seis años que dura la Educación Primaria, el número de horas por semana oscila entre 3 y 4 dependiendo de centros y de Comunidades. Ya en Secundaria y Bachillerato nuestros adolescentes tienen 3 horas de inglés por semana, si bien en centros bilingües o privados el número de horas aumenta.

Este repaso a las diferentes etapas educativas pone de manifiesto que nuestros niños y jóvenes reciben cientos de horas de Lengua Inglesa a lo largo de su proceso formativo. Sin embargo, es una realidad que España tiene uno de los niveles de inglés más bajos de Europa; el Eurobarómetro situó a España en 2014 como el segundo país con el nivel más bajo de la Comunidad Europea, solamente por detrás Hungría.

Me niego a pensar que la dificultad que tenemos para hablar inglés se deba únicamente a las diferencias existentes entre los sistemas fonético y fonológico de ambos idiomas, (este tema lo trataré en  otro post). No podemos olvidar que los sistemas educativos de nuestros vecinos europeos, dedican un número de horas similares a la enseñanza del inglés. Teniendo en cuenta estas cuestiones me vienen a la cabeza algunas preguntas:


¿Qué estamos haciendo mal desde la comunidad docente? ¿Debería cambiar sustancialmente la modalidad de enseñanza de idiomas en nuestro país?


Es una realidad que durante muchos años en España, el modelo de enseñanza del inglés como lengua extranjera ha estado basado en dinámicas como la traducción de textos, aburridas clases magistrales sobre gramática, o soporíferos listenings para “mejorar” nuestra comprensión. ¿Cómo olvidar al profesor de inglés cargando con su radio cassette?

Desde mi punto de vista, estos modelos educativos han dejado de lado el objetivo principal que todo estudiante de idiomas anhela conseguir: hablar para poder comunicarse. Es evidente que necesitamos  un cambio en la forma de enseñar idiomas en este país, si queremos que nuestros jóvenes estén preparados para desenvolverse satisfactoriamente en situaciones reales que tendrán que afrontar en un futuro próximo.

Desde la comunidad docente tenemos la obligación de potenciar el desarrollo de las habilidades orales, sin dejar de reforzar la compresión lectora, la escritura y la compresión auditiva. Encontrar un equilibrio entre estas cuatro habilidades es esencial para lograr nuestro objetivo: conseguir hablar inglés de manera fluida.

Let’s speak english!